23/08/2026 | Por Alfonso Monsalve Solórzano
El presidente ADLE dijo que el Chocó necesita un Plan Marshall para reconstruirse luego del terremoto del 10 de agosto, y ya surgieron críticas de sectores opuestos ideológicamente, de derecha e izquierda.
Un grupo dijo, palabras más, palabras menos, que eso sonaba a un estado intervencionista que dilapida los dineros públicos. El trino de Camilo Guzmán ilustra esta posición: El presidente De la Espriella lo hace para la reconstrucción después del terremoto, repitiendo una fórmula gastada que promete miles de millones en gasto estatal para obrar un supuesto milagro económico. Sin embargo, la historia y la teoría económica demuestran que el famoso plan estadounidense de 1948 nunca fue el motor de la prosperidad europea, sino un mito construido sobre el intervencionismo […] Prometer un “Plan Marshall” para enfrentar las secuelas del terremoto no es más que centralizar el gasto, aumentar la burocracia y distorsionar los incentivos. La verdadera reconstrucción no llegará mediante transferencias estatales ni endeudamiento, sino garantizando seguridad jurídica, reduciendo trámites y permitiendo que la libertad de mercado, el ahorro y la inversión privada reactiven la economía”.
Así piensan los epígonos de las doctrinas económicas de derecha: nada de subsidios para la reconstrucción, ni para que la gente sobreviva; basta que haya libertad de mercado e inversión privada. Suena bien en la teoría, en un salón lleno de estudiantes de economía o en ciertos círculos empresariales o de dirigentes políticos que se presentan como de derecha, pero vayan y díganle eso a los cientos de miles de chocoanos (y colombianos) que hoy, como dijo el expresidente Uribe en el famoso Encuentro de Medellín del Centro Democrático del pasado 31 de julio, refiriéndose a las necesidades inaplazables de los connacionales pobres, tan inmediatas que no pueden esperar a que el desarrollo económico, generado por irreemplazable economía de mercado, que toma su tiempo en convertirse en realidad, se materialice.
Pero hay otros, los apóstoles de la izquierda radical, que dicen que la atención al desastre en el Chocó (y del país) debe ser asumido en su totalidad por el estado y llegan al punto de rechazar como limosnas los importantes aportes que los empresarios han hecho para contribuir a la reconstrucción de ese departamento y de las demás zonas afectadas por el terremoto. Además, hablan de respetar el componente étnico y cultural y la biodiversidad. Analicemos esto y mostremos sus límites: la existencia de derechos culturales de las minorías étnicas fue un paso importante dado por la constitución del 91 para visibilizar y empoderar a las comunidades afros e indígenas, marginadas desde la colonia, pero también, en la república misma, víctimas de racismo y exclusión.
El problema es que muchas de las organizaciones que las representan se han convertido en barreras para su desarrollo. La capacidad de pensar y decidir individualmente, es decir, la posibilidad de ejercer las libertades y derechos individuales, se ha perdido a favor del derecho de la comunidad a representar y decidir sobre sus miembros, en una especie de esclavitud en la que algunos dirigentes de organizaciones étnicas los suplantan, mantienen en el atraso y la ignorancia, y usufructúan los recursos que son destinados para todos, en alianzas y al servicio de políticos como Petro y su partido, tal como se vio en el gobierno anterior; esclavitud que se ve extremada por el dominio que ejercen organizaciones armadas, las llamadas GAOs, que, probablemente, en complicidad con algunas personas vinculadas a las autoridades étnicas y toleradas por el anterior gobierno, explotan los recursos naturales, narcotrafican y ejercen férreo control sobre los territorios en los que operan. Para esta izquierda, estatismo radical, manejo de los recursos públicos por las organizaciones que ellos manejan y participación de los GAOs, son el quid de la reconstrucción.
La recuperación del Chocó exige que se formulen políticas y se lleven a cabo, para que se impulsen la empresa privada y la economía de mercado, de tal manera que se genere desarrollo económico que lleve la prosperidad a sus habitantes. Esto en contra de las pretensiones de la izquierda radical.
Pero, para ello se necesita que el estado oriente e intervenga donde sea necesario y apoye con subsidios y recursos a quienes los necesitan. En eso no es diferente a lo que se requiere en las otras zonas afectadas del país. Y si esta parte de las intervención no está en los cánones teóricos de la derecha, peor para esa teoría. Porque una doctrina económica, política o filosófica, debe ser tal que revuelva los problemas reales de la gente.
Pero, en el Chocó y donde quiera que haya resguardos y cabildos, también exigirá una revolución cultural que elimine el colectivismo étnico en la toma de decisiones de sus gentes, en resguardos y cabildos, para que puedan salir de su atraso atávico.
