Doxa – Menos mal que ya se va


2/08/2026 | Por Alfonso Monsalve Solórzano

Los últimos días de Petro en el poder han mostrado la dimensión del desastre político, pero también ético de su gobierno en estos cuatro años; en realidad, desde antes, desde la campaña misma.

La corrupción, debo decir, no fue un elemento más, sino la característica más importante de su gobierno, que ligada con sus continuos comportamientos asociados al alcohol y otros excesos, así como la permanente intromisión en los asuntos públicos de su vida íntima, produjo el estruendoso fracaso de ese gobierno de izquierda radica, que se han visibilizado de forma tan apabullante.

Veamos. El ex presidente de Ecopetrol, Ricardo Roa, fue imputado por la Fiscalía por violar los topes de la campaña de Petro que aquel gerenciaba y esta semana apareció la noticia de que estaría evaluando llegar a un preacuerdo con el ente judicial sobre esos cargos. ¿Qué irá a decir? Ese cargo fue un premio y Petro debe estar temeroso porque defendió siempre a Roa, contra todos y contra todo. (Recordemos que, también, está siendo investigado por la presunta compra irregular del apartamento 910 del edificio Entre Parques en Bogotá y por presunto tráfico de influencias en un proyecto energético.

La campaña a la presidencia fue el epítome de la corrupción. Decenas de miles de contratos de prestación de servicios fueron firmados, acelerándose ese procedimiento en el proceso electoral; y fueron un hecho público los contratos que suscribió con las dirigencias de las comunidades que lo apoyaron, en ese tiempo. Además, se benefició del voto fusil y del voto servil que los grupos narcoterroristas pusieron por decenas de miles. Pero no le sirvieron porque la percepción de la podredumbre y de los errores de este gobierno eran grandes y evidentes (como la destrucción del sistema de salud y el manejo del sector energético del país, para poner sólo dos ejemplos), y fueron tan evidentes, que perdió las elecciones con su candidato Cepeda.

Derrotado, ahora ha usado, con absoluta eficiencia, el tiempo para seguir firmando decenas de miles de contratos para atornillar a su clientela con los recursos públicos, pero utilizando hasta sábados y festivos, para asegurar lealtades políticas. Y ha “aprovechado” la firmatón para dejar funcionarios nombrados en cargos estratégicos, probablemente con la intención de espiar y sabotear el gobierno de ADLE.

Y durante si gobierno ha puesto en posiciones de poder a una serie de mujeres jóvenes, algunas de ellas sin más mérito que ser bonitas. El problema es que siempre sale chamuscado. A Laura Sarabia, conocida por chuzar a su empleada doméstica a la que acusó de robarle una maleta repleta de plata, terminó por mandarla a la embajada del Reino Unido, como epílogo a ese rifirrafe y al cruce de acusaciones entre ella y Benedetti, por malos manejos en la campaña de Petro. Y hace poco la acusó de influir con hojas de vida para los cargos de interventores en la Supersalud, lo cual, según el presidente, demoró la reforma de la salud; Sarabia demandó por violencia política y pidió que el presidente declara bajo juramento. Hay algo muy obscuro en esta relación. Nadie se explica por qué sigue de embajadora; o mejor, es explicable…

Y, por supuesto, la ya mencionada Angie Rodríguez pasó de ser directora del Depre, de la que salió de mala manera, a directora del Fondo de Adaptación, cargo del que fue declarada insubsistente por el ministro de hacienda por orden del presidente: se sabe que Petro está intentando raspar la olla y ordenó a la funcionaria, con base en criterios puramente políticos —cultivar electores para las próximas elecciones— y sin estudios técnicos que los sustenten, trasladar un billón de pesos del Fondo de Adaptación, con destinación específica a proyectos de la Mojana. Petro los necesitaba para amarrar contratos de paneles solares y la construcción de acueductos, con la excusa de se trata de prevenir la emergencia que producirá el Fenómenos del Niño.

Y qué decir de las jóvenes Juliana Guerrero, de 22 años —de quien en su momento Angie Rodríguez dijo que Petro tenía una relación con Juliana Guerrero que “no parecía normal”— y hermana, la primera de las cuales fue defendida a capa y espada por Petro a pesar de estar acusada de falsificar sus títulos universitarios para ser nombrada viceministra de juventudes en el ministerio de la igualdad —que recordemos fue creado, en primera instancia como un premio burocrático a la vicepresidente y, luego, cayó en manos de gente muy opaca, hasta su lánguido y judicialmente ordenado, final— y además, ser la representante del presidente en la Universidad Popular del Cesar. O de Gabriela Muñoz, de 20 años, quien fue vinculada a la Aerocivil, junto con su hermano, por palanca de su mamá, que resultó ser coordinadora de contrainteligencia de la Agencia Nacional de Inteligencia: en esa entidad los abusos e influencias indebidas de esa dupla son “famosos”.

La fascinación por las mujeres jóvenes es un asunto que sólo compete al presidente, pero no se ve bien; en realidad, es francamente inaceptable, que aparezca con ellas promoviéndolas y defendiéndolas en sus actuaciones en asuntos, por lo demás turbios, que competen al estado, es decir, son de la esfera pública. Pero ese es Petro. manejó el estado como si fuera su cama y los recursos de todos como si fueran de suyos para comprar la voluntad de sus aúlicos.

Menos mal que ya se va.


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