26/07/2026 | Por Alfonso Monsalve Solórzano
Soy partidario de los simbolismo en la esfera de la política porque, las ideas y las posiciones de los individuos, en este ámbito, tienen connotaciones que deben ser explicitadas en un lenguaje atrayente que contribuya a fijarlas en la mente de los ciudadanos. Casi siempre funcionan como metáforas, que en ocasiones se soportan sobre otros símbolos que tuvieron su origen en situaciones puramente comunicativas, como las banderas, usadas en la antigüedad para identificar ejércitos o para transmitir instrucciones en medio de la batalla, y que luego se convirtieron en expresiones de identidad supra nacional, nacional, regional, local, de grupos sociales y deportivos, etc.
Pero, el uso de los símbolos puede terminar perjudicando a los que los utilizan, por usarlos de manera inadecuada o contraria a lo que significan.
Es el caso de Petro en Colombia. Usó la espada de Bolivar para mostrar que era el continuador de la gesta libertadora, es decir, un libertador él mismo, pero resultó ser un hombre caótico y vicioso que ni siquiera pudo liberarse de sus propias deficiencias como ser humano y que a los únicos que quiso liberar fue a los narcoterroristas y a los capos con su política de paz total, mientras entregaba a cientos de miles de colombianos a las garras de esos grupos y los convertía en sus esclavos.
Usó también la bandera roja y negra que utilizó Bolivar como símbolo de su guerra a muerte contra los españoles, que lo llevó a ejecutar acciones que fueron verdaderos crímenes de guerra, y que en el caso de Petro expresaba su propósito de librar a muerte la lucha de clases en el país y enterrar nuestra constitución democrática, algo que afortunadamente no logró, por la derrota, no aceptada por él, en las elecciones, pero que estuvo a punto de hacerlo
También, desde su militancia en el M-19, se ha hecho llamar Aureliano, refiriéndose a Aureliano Buendía, el primer ser humano que nació en Macondo y que perdió las 32 guerras que libró contra los conservadores, en la ficción de García Márquez. Petro se cree la encarnación del personaje, pero, contrario a este, nunca libró un combate, aunque habla como si fuera un veterano de guerra.
En fin, a Petro todas sus metáforas le salieron mal.
ADLE utiliza la metáfora del tigre para expresar su fuerza, su garra, la imagen de aquel animal invencible, que no se deja intimidar e infunde miedo, capaz de diezmar y acabar con la fauna de los corruptos y los ilegales personificada en el gobierno de Petro y sus aliados.
También ha usado las metáforas de” los de siempre” y “los nunca” para significar que su gobierno no se compondría de personas que han sido usuarias inveteradas del poder, y que son, por su práctica, clientelistas y corruptos; sino que se rodearía de aquellos que no fueran consuetudinarios de los círculos donde se toman las decisiones gubernamentales tradicionalmente.
Pues bien, triunfó. Su campaña política fue impecable y el país democrático espera que pueda cumplir con sus promesas electorales. Pero este ha presenciado la tendencia a actuar con prepotencia y soberbia, despreciando y ninguneando al Centro Democrático, que es, de hecho, su primera fuerza en el congreso y su principal aliado. Para su mala fortuna (aunque aclaro que ADLE dijo después que no apoyó particularmente a ningún candidato ) —y para la buena del país— fracasó (o fracasaron sus amigos) en su intento de quitarle su legítima aspiración a la presidencia del senado para entregársela a un senado amigo suyo que, para colmo de males, pertenece a un clan de corruptos que comenzaron a meter a la cárcel (de la que se libró ADLE). El Arca de Noe no funciona. Y no todos los políticos, que él tilda como “los de siempre” son corruptos y es un hecho que necesita rodearse de algunos de ellos para sacar adelante sus proyectos en el congreso. Y no todos “los nunca” son transparentes e insobornables.
A pesar de su prédica, hay en su entorno gente de “los de siempre” de los tendría que cuidarse, que han sido clientelistas y corruptos, que, además, lo aconsejan mal contra el CD. Quizá no tiene claro que a los amigos políticos leales hay que cuidarlos y valorarlos en su justa medida, y, por eso, ADLE, mal asesorado, está pensando en montarle competencia al CD creando un partido propio. Como dije en la columna pasada, está en su derecho, pero políticamente no le conviene ni a él, ni al éxito de su gobierno, intentar destruir al CD, porque este es garantía de lealtad, confianza y gobernabilidad en su mandato. Lo único que conseguirá es crear contradicciones de fondo con ese grupo político. Despertaría a las abejitas laboriosas, según la metáfora de Uribe, para defenderse.
Debería meditarlo. Yo no creo que los tigres sean así.
Por otro lado, la necesidad de demostrar fuerza y de enviar un mensaje de autoridad, que es muy importante, debe ser ponderado frente a la necesaria austeridad que debe tener el nuevo gobierno según su propia prédica. Llevar el congreso a Popayán, junto con los invitados y garantizar la seguridad de todos ellos en la ceremonia de posesión, representa un gran gasto, que podría utilizarse para fines prioritarios. Parece, sin embargo, que ese traslado será un hecho. Para ADLE el valor simbólico de dicho acto en esa ciudad supera cualquier otra consideración. Eso tiene sentido si se piensa que el Cauca es el epicentro del narcoterrorismo y que la posesión allí es un mensaje de autoridad, fuerza y determinación contra esas fuerzas ilegales. Ahora bien, dicha posesión en una instalación militar puede entenderse no como la politización de las Fuerzas Armadas, como muchos lo interpretan, sino como un respaldo institucional a estas, lo cual también tiene sentido. Constituye un rugido. Pero debe evaluar si el desgaste es mayor que aquel.
