Los colombianos, ahora más que nunca, debemos estar prestos a rechazar cualquier provocación venezolana El Tribunal Supremo de Justicia, propinó el jueves, lo que el secretario General de la OEA, Luis Almagro, llamó un autogolpe de estado en Venezuela, al asumir los poderes de la Asamblea Nacional, nada menos que para defender el “Estado de Derecho”, frente al “desacato” del órgano legislativo. En su bizarra interpretación, el malhechor justifica su acción acusando de criminal al asaltado, en la más burda muestra de la retórica bolivariana, en la que las palabras significan lo contrario de lo que se afirma con ellas. La postverdad, que dicen los sofisticados; la falacia y la desfachatez política que justifican la dictadura desnuda, como aseveramos los que todavía creemos en el principio de veracidad de lo que se enuncia y en la decencia política, que debe guiar el manejo democrático del poder. El tirano Maduro, recuerden ustedes, hizo que el parlamento saliente, en el que había perdido las mayorías, nombrara, un día antes de que la oposición asumiera la mayoría en ese organismo, a los miembros del Tribunal que fueran del Psuv, partido de Chávez, Maduro, Cabello, El Aissami, Delcy Rodríguez, y los generales del Cartel de los Soles, juraran fidelidad a la satrapía. Y como tenía que suceder, todas las leyes que la Asamblea aprobó, fueron invalidadas, una a una, por el Tribunal, que en sustitución aprobaba ¡sí, aprobaba! lo que Maduro y su camarilla le dictaban. Pero la situación del hermano país ha tocado fondo: hay una crisis humanitaria sin precedentes, con niños y ancianos sin salud básica y muriendo por falta de medicamentos, comenzando por los esenciales; gente escarbando en la basura para conseguir algo, miles cruzando la frontera con nuestro país para comprar lo que sea que les den por esa moneda envilecida que es el bolívar, centenares de miles de emigrantes, muchos de ellos en Colombia, etc. A pesar de su evidente falta de experiencia política y de divisiones internas, la oposición venezolana es el símbolo y la cabeza de la resistencia a la dictadura, que se ha expresado en buena parte, en la Asamblea, además de las calles y de héroes como Leopoldo López, encarcelado, su esposa, Lilian Tintori, y María Corina Machado, arbitrariamente destituida de su escaño por el Tribunal. Fue la Asamblea la que alertó sobre la emergencia humanitaria y propuso soluciones; es ella, junto con Tintori y Machado, quien ha encabezado la denuncia internacional sobre la tragedia que
vive el pueblo venezolano en razón de la boliburguesía empotrada en el poder y ha secundado y acompañado las movilizaciones sociales que buscan unas elecciones limpias que aseguren el tránsito pacífico a una Venezuela democrática. Por eso, ya la Asamblea Nacional no es funcional al régimen y ni siquiera tolerable. Era funcional porque le servía para decir que en ese país había una democracia, pero ya no tiene ese valor para el gobierno, que se ve superado por los acontecimientos y busca afianzarse, al precio que sea, en el poder, no sólo por razones ideológicas dudosas, sino porque sabe que los principales dirigentes serán juzgados por delitos de lesa humanidad y narcotráfico. Esto se debe a dos hechos: la caldera social en Venezuela está que estalla, con consecuencias impredecibles y porque la actitud valerosa de Luís Almagro ha puesto -contra el querer de los aliados de Maduro y la posición endeble de Santos, atrapado como está por ese régimen y la quinta columna del mismo, las Farc- el problema venezolano en la agenda panamericana y mundial. Los días de la dictadura podrían estar contados, y eso, para Colombia, sería una magnífica noticia, porque se acabaría la alianza mortal para los intereses nacionales nuestros, entre Maduro y Timochenko. Pero antes de ser extirpada, puede ser muy peligrosa para Colombia: como dijo un connotado experto en ese problema en una charla hace poco, ese país tiene en su Constitución, la afirmación de que la Guajira, gran parte de Arauca y otros territorios colombianos, son de ellos, y en los últimos tiempos está armándose más todavía, probablemente con la intención de hacer una ofensiva militar contra nuestro patria, han hecho una serie de ejercicios de movilización -lo de Arauquita en días pasados, pude ser la punta del iceberg- , todo, mirando hacia Colombia. Por su parte, Santos y su grupo han desatendido la frontera, que es de tránsito libre de las Farc, para tener contentos a ese gobierno y esa guerrilla (se dice que hay centenares de guerrilleros y de armas en las zonas fronterizas, y no se sabe que exista un plan de defensa de nuestro país, de un hipotético ataque venezolano, ni de cubrimiento de fronteras delicadas como la de Ecuador. Es crucial preguntarle a Santos, al vicepresidente Naranjo y a las Fuerzas Armadas y de Policía, qué están haciendo para protegernos de una eventual amenazada desde Venezuela. Intuyo la respuesta. Otra razón de peso, para exigirle a Santos que se vaya. Espero que la marcha de ayer haya sido todo un éxito, porque Colombia está haciendo el camino de Venezuela.
Aquí, están en proceso de cooptar las altas Cortes y el Congreso les está funcionando a la maravilla con mermelada y fast track, mermelada que para las próximas elecciones es de 1.8 billones, para “inversión social”. La democracia se impone en los próximos comicios, para garantizar un presidente que revoque las partes malignas del acuerdo y un congreso que respalde las medidas necesarias para hacerlo. De lo contrario… Post scriptum: por orden de Maduro, el viernes en la noche el TSJ “suprime” contenidos de la sentencia que acababa con la Asamblea Nacional. La presión internacional surtió efecto. La fractura del régimen y su debilidad son manifiestas y podría estar en fase terminal. Los colombianos, ahora más que nunca, debemos estar prestos a rechazar cualquier provocación venezolana, como un intento desesperado de desviar la atención de su pueblo y concitarlo en “defensa” de su país.
Publicado originalmente en El Mundo el 01/04/2017. Enlace al original.